top of page

¿Todos somos egoístas o solo los capitalistas?

18 oct
2 min de lectura

La teoría clásica que ha dado rumbo a la economía occidental actual pregona que si cada individuo busca su propio provecho de alguna forma terminará satisfaciendo las necesidades de los demás. Esta posición es más filosófica que pragmática, es decir, se acerca más a una carta de intenciones que a un modelo matemático.


El mismo Adam Smith, ideólogo de los capitalistas, planteaba que los límites del egoísmo (beneficio propio) debían enmarcarse en la moralidad establecida por la sociedad. Pero la moralidad puede ser influida a conveniencia por los agentes sociales preponderantes en otros ámbitos como el político, financiero, comunicativo, militar, etc.


El beneficio propio, a final de cuentas, es una perspectiva de cada individuo en cuanto al valor que este quiere obtener. Milton Firedman, impulsor de políticas neoclásicas de la economía, lo encuadraba en la teoría del valor subjetivo, es decir que las cosas tienen valor para determinadas personas en circunstancias concretas.


Carlos Marx, por su parte, como crítico histórico de la teoría clásica, se sustentó en la teoría del valor objetivo, en la cual cómo y qué producimos para subsistir como sociedad determina la conciencia individual. Es decir, predomina el interés grupal sobre el interés individual.


Pero he aquí la pregunta para reflexionar:


¿Una decisión grupal no implica a final de cuentas la acumulación de decisiones individuales que se toman cada una por interés propio?


En todo caso, sean decisiones morales o decisiones económicas, los individuos las toman pensando en obtener una ganancia: ya sea sentirse bien u obtener más recursos monetarios y materiales.


La parte incómoda es que el individuo tiende a acomodar sus límites morales en relación con el beneficio emocional que quiere sentir, sin importar que cause daño emocional o patrimonial a otro u otros. Incluso, puede llegar a escudarse en un interés social para rebajar su ética individual en aras de intentar someter moral, legal y económicamente a otro. Obsérvese en las dinámicas de interacción que permean en regímenes políticos como el fascismo, nazismo, comunismo o capitalismo destructivos.


Para reflexionar, Immanuel Kant recuperó tres conceptos de egoísmo en un sentido pragmático:


>  El egoísmo lógico: Desprecia la crítica o el diálogo constructivo.


>  El egoísmo estético: Considera su percepción como la única medida de lo bello.


>  El egoísmo práctico o moral: Descarta el bienestar o la ayuda a los demás si estos no le resultan en un provecho personal.


El mismo Kant propone el principio supremo del deber ser para contrarrestar el egoísmo:


>  Contra el egoísmo lógico: El diálogo abierto para contrastar ideas incluso si no se está de acuerdo con estas.


>  Contra el egoísmo estético:  Cultivando la sensibilidad individual y reconociendo que se puede establecer puentes de comunicación universal.


>  Contra el egoísmo práctico: Buscar la maximización moral de las decisiones individuales, asumiendo que si la acción solo beneficia a uno mismo y daña o usa a los demás como meros instrumentos entonces se provoca la destrucción del tejido social.

 

A partir de esta lectura ¿qué preguntas vienen a tu mente? #Reflexiones 

 
 
 

Comentarios


bottom of page